No empiezo este blog para opinar más rápido ni para decir más alto.
Lo abro para dejar constancia.

A mis noventa y dos años, uno aprende que las palabras no valen por la prisa con la que se dicen, sino por el tiempo que resisten. He pasado la vida comunicando: primero en la radio, luego en la televisión, siempre con la convicción —a veces ingenua, siempre honesta— de que contar bien las cosas era una forma de servicio. Empecé a los diecisiete años y no he dejado de hacerlo desde entonces. Cambiaron los micrófonos, las cámaras, los formatos y las modas; no cambió la necesidad de mirar con atención y decir con verdad.

Este blog nace de esa misma necesidad, pero ya sin redacciones, sin escaletas, sin relojes en cuenta atrás. Nace desde la jubilación activa —esa contradicción fértil— en la que sigo escribiendo, pensando y dialogando con la realidad desde otros lugares: el periodismo pausado, la reflexión civil, la memoria compartida. Aquí conviven mis textos publicados en medios digitales, mis colaboraciones con asociaciones de periodistas veteranos y, sobre todo, una escritura más libre, más personal, menos sujeta a la urgencia de la actualidad.

No es un archivo de nostalgias, aunque la memoria tenga aquí un lugar natural. Tampoco es un púlpito ni un desahogo. Es, sencillamente, una casa: un espacio donde reunir artículos, series, cuentos, reflexiones y libros; donde cada texto tenga tiempo para respirar y el lector no sea tratado como un transeúnte, sino como un invitado.

He tenido la fortuna de vivir el oficio desde dentro durante décadas, de ver cómo la comunicación se transformaba sin dejar de ser, en esencia, un acto humano: alguien que habla y alguien que escucha. Hoy escribo desde ahí, con menos certezas quizá, pero con más cuidado. Con la serenidad que da la edad y la responsabilidad que nunca se pierde.

Si has llegado hasta aquí, pasa.
No prometo respuestas inmediatas ni verdades definitivas.
Prometo palabras pensadas, escritas con respeto por el tiempo de quien las lee y por el largo camino que me ha traído hasta ellas.

Este blog no empieza hoy.
Solo encuentra hoy su lugar.


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